Era patético pretender pintar letreros rojo sangre acusándola de asesina en las paredes de su cuarto, si siempre fue así, como una navaja de afeitar, pequeña, brillante y letal, que útil fue escuchar de su boca palabras que olían a rosas, a perdición, a entrega y sobre todo a delirio, por que las penas las barrió todas debajo de la alfombra, bajo su cama inversa, rebosante de repeticiones de mi nombre cuando se tocaba, cuando deseaba encontrar su cuerpo con el mío y cuando solo existía yo, en el deseo mismo de ser mujer, de ver tanto lo que no se puede tocar, lo que aparentaba ser verdad, sobre la mentira absurda de que eras capaz de amar y la he visto:
Se desnudo de a poco y la vi como se entregaba a otro cuerpo, a otra mujer, a otras ganas y a otra boca con su humedad desbordada, y frente a ella ( la otra mujer) se sacó el olor de mi cuerpo como
quien se saca los mocos con la punta de los dedos, con asco y con placer, abriéndole
las piernas a su lengua y sintió aquella felicidad tan latente de saber que
siempre, se quita y se da, se hace y se destruye, desnuda y jadeante en esa
otra cama que nada, absolutamente nada tenia que ver conmigo, olvidó mi nombre,
mi casa, mi desorden y mi voz, mientras cabalgaba sobre la boca de otra, de una
fiera que saltaba sobre la carne fresca, de una mujer trasnochada que olvida y
que calla.
El Otoño se aleja ahora de la puerta vacía, de tu puerta, ya no hay mas
hojas secas para ti, ni por ti, ni en calma ni nada, ni mas poemas, ni mas canciones, mi corazón ha muerto, la luz que le gustaba dibujar siluetas
enraizadas en lo profundo de la tierra y solo por ti, me hizo correr para
despegarme del cuerpo la vergüenza de la verdad, me habías traicionado, de borrar de mi mente esa escena que se repite de tu cuerpo encima de ella, de mi estupidez, de mi esperanza hecha añicos, que habré hecho para merecer este dolor tan vivo, tan seco, tan incomprensible, que castigo sera ese de quitarme la vida una tarde de Otoño roja, de que
todos tenían razón sobre ti y sobre el universo, que es infinito y que se
extiende, mientras tu cuerpo entregabas al infierno envuelto en paraíso de un
orgasmo, mi cuerpo se asesinaba, me volví un polvo de estrellas, desaparecí y
flotaba, nunca estuve, no se, no serás y por ti he recorrido miles de kilómetros,
solo y solamente para arrancarte el corazón.

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