Todos caminan por Shibuya como si guardaran el secreto de la identidad del asesino de las luces de neón. Sus pasos son rápidos, con cabeza baja y contemplaciones esquivas. A pesar de tratar de mirarlos para ver si reaccionan al acoso, nadie parece interesado en sostener una conversación con mis ojos. Decido seguir fotografiando esta hora mágica que es la tarde, para tratar de no hacer comparaciones entre el cielo gris y el calor del Caribe, que siempre anda susurrando vulgaridades de espaguetis con salsa roja. Shibuya es silencio, justo como una fotografía que trata de captar la escena del crimen; llena de pistas y sin una palabra en la boca, congelada y lista para sacarte una lágrima en cualquier momento.
A que huele el barrio? A juguete nuevo acabado de salir del empaque de cartón, después de una hora y muchos tijerasos, después de la felicidad de tenerlo en las manos sudorosas y creer que valió la pena cada humillación en tu vida para este momento, con ese olor a polímero procesado, ese olor que también camina por las calles de Shibuya, en las que las suelas de los zapatos viven para siempre…

!Que viva Shibuya!.
ReplyDeleteEl rubio-sanki
uuuuuuuuuum, los sankis si saben de espaguitis mamey!!!!
ReplyDeleteLindo poema en prosa. ¿O es un micro cuento, o una vivencia?
ReplyDeleteNo importa el nombre, me gustaron esos ojos buscando señales de vida entre la multitud.
Saludos
Djta...la shibuyana que no responde saludos
ReplyDeleteRubio-sanky
Bonita imagen.
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